martes, 17 de enero de 2012

Ave Fénix

Entre águila y colibrí, prefiero el resurgir de un Ave Fénix.

Degollarme en cada alarido, en cada rugido,

en cada señuelo despistando al que se fume mis cenizas.

Litros de vinagre y formol me ahogan en bañeras con olor

a mierda y sueños rotos.

Kilos de piedra y soledad posan en mi espalda impidiéndome

volar,

LIBRE

por sendas vírgenes y paraísos llenos de vida.

No puedo, ni quiero estar preso en estas

cuatro paredes que huelen a mí.

Reverso de lápida

Podrida la manzana de Eva, seco el taparrabos de Adán. Hueca la cuenca

ojo de Odín. Limpia la conciencia del caballo de Troya. Cordura en la

cabeza del Quijote, valentía en los bolsillos de Magallanes, amor en las

parrafadas de Shakespeare, odio en las letras de Bukowsky y niebla en las

pinceladas de Dalí. Cicatrices en el recuerdo del Che Guevara. Sin balas la

recamara de Garibaldi. Humillados los cuerpos inertes de la familia

Mussolini. Olor a cloaca en la boca de Magallanes. Despeinada la certeza

de Juana de Arco. Polvoriento el trotar de Rocinante. Rodrigo Díaz de

Vivar llego a ser leyenda. El ocaso de la historia y la ficción hacen de estos

personajes falsa libertad. Verdadera cuando alguien los lee, los escribe, los

recuerda. Mi nombre estará solo a mano de unos pocos que lo quieran

leer, en el reverso de mi lapida.

Dentro del redíl

Me canse de vivir dentro del redil,

cerca del rebaño que nunca me quiso.

El lobo entre tanta oveja.

El Judas de la última cena.

Sin traiciones ni jodiendas.

Solo siendo el que nunca me dejaron ser.

Pared de hormigón

Una gruesa pared de hormigón, no me deja ver lo que hay detrás.

Por mucho que salto, no logro llegar.

Por mucho que hago un túnel, núnca falta tierra.

Por mucho que la hostio, siempre, solo me hago daño yo.


Por más que lo intento, solo puedo imaginármelo.